En un mundo donde la identidad, el acceso y el pago conviven a diario, las tarjetas plásticas se han convertido en herramientas indispensables. Desde la clásica banda magnética hasta las últimas innovaciones en chips y materiales sostenibles, su evolución refleja necesidades tecnológicas, económicas y medioambientales.
El primer gran salto llegó con la incorporación de la banda magnética en la década de 1960, revolucionando el control de acceso y los pagos. Más tarde, la introducción de los chips de contacto y sin contacto elevó los estándares de seguridad y durabilidad.
En paralelo, la norma ISO/CEI 7810/11 estableció el formato CR80 como estándar internacional, igualando el tamaño de las tarjetas bancarias y asegurando compatibilidad global.
El PVC sigue siendo el material estrella gracias a su equilibrio entre resistencia y coste, aunque opciones como PET y ABS ofrecen mayor rigidez o resistencia a impactos.
La modalidad de tarjetas blancas en blanco posibilita la impresión offset, serigrafía o personalizada con bandas magnéticas y chips integrados.
La protección de datos y la facilidad de uso han impulsado el desarrollo de múltiples métodos de lectura:
La tendencia es la migración hacia chips de alta seguridad y iconos de comunicación sin contacto, reemplazando gradualmente a la banda magnética tradicional.
La versatilidad de las tarjetas plásticas se demuestra en sectores tan dispares como la banca o la hostelería.
El enfoque medioambiental gana protagonismo. El desarrollo de tarjetas biodegradables emergentes responde a regulaciones como la Directiva UE de Plásticos de un Solo Uso y a prohibiciones en distintos países.
Algunos ejemplos destacados incluyen:
A pesar de los avances en materiales sostenibles, persisten desafíos en costes de producción y durabilidad frente a los plásticos tradicionales.
El mercado de tarjetas plásticas anticipa innovaciones que transformarán nuestra interacción con estas piezas de plástico:
Los líderes globales del sector—Thales, IDEMIA, Giesecke+Devrient, CPI Card Group—ya invierten en I+D para llevar estas ideas al mercado.
La capacidad de las tarjetas plásticas para adaptarse a múltiples materiales, tecnologías y aplicaciones las convierte en un elemento clave de nuestra vida diaria. Desde formatos completamente personalizables hasta soluciones eco-amigables, su evolución refleja una respuesta constante a la demanda de seguridad, sostenibilidad y practicidad.
Transitaremos hacia un futuro donde la tarjeta física conviva con soluciones virtuales, integrando nuevos materiales y sistemas de autenticación avanzada. Su historia demuestra que la innovación y la responsabilidad ambiental pueden avanzar de la mano, ofreciendo al usuario opciones fiables, seguras y respetuosas con el planeta.
Referencias