Invertir en activos ilíquidos puede parecer un desafío para el inversor novato o incluso experimentado. Sin embargo, al entender bien su naturaleza y aplicar estrategias adecuadas, es posible aprovechar rentabilidades potencialmente superiores y acelerar la consolidación de un patrimonio sólido.
Los activos ilíquidos son aquellos que no se convierten rápidamente en efectivo sin sufrir pérdidas significativas de valor o requerir tiempos prolongados de venta. Se clasifican habitualmente como activos no corrientes en los balances, pues pueden tardar más de un año en liquidarse.
Al contrario de los activos líquidos (efectivo, acciones cotizadas o fondos mutuos), estos bienes incluyen:
El principal rasgo común es el tiempo: requieren procesos legales, negociaciones o mercados especializados, lo que limita su conversión en liquidez inmediata.
Incluir ilíquidos en una cartera de inversión ofrece beneficios únicos que compensan el sacrificio de la liquidez:
Para el inversor con horizonte de inversión a largo plazo, estos activos pueden ser la clave para construir un patrimonio sólido y resistente.
Aunque las ventajas son atractivas, debemos ser conscientes de las posibles dificultades:
Estos factores implican que el inversor deba planificar con anticipación y mantener un colchón de activos líquidos para imprevistos.
Para aprovechar las fortalezas de los activos ilíquidos sin caer en sus trampas, conviene seguir un plan estructurado:
1. Definir un horizonte temporal claro: establezca plazos mínimos de inversión (5-10 años) para evitar ventas urgentes.
2. Mantener un mix equilibrado: combine un porcentaje suficiente de liquidez (efectivo o activos de muy alta rotación) con ilíquidos.
3. Utilizar vehículos cotizados sobre ilíquidos, como ETP o fondos cotizados, que permiten negociar con mayor flexibilidad.
4. Revisión periódica de la cartera cada 6-12 meses, ajustando exposición según cambios en objetivos y condiciones de mercado.
5. Reforzar la selección de gestores y due diligence: investigue la trayectoria y las comisiones antes de invertir.
Con estas tácticas, es posible reducir riesgo de liquidez y tiempo sin renunciar a oportunidades de retorno.
Invertir en activos ilíquidos no es una decisión menor, pero puede ser una palanca extraordinaria para construir riqueza a largo plazo. Requiere disciplina y paciencia, así como una estrategia clara para equilibrar la cartera.
Si usted es un inversor con objetivos a 5-10 años o más, está dispuesto a asumir un horizonte prolongado y puede soportar procesos de venta lentos, añadir ilíquidos puede transformar sus finanzas. Evalúe siempre sus necesidades de liquidez personal y combine distintas clases de activos para crear un portafolio sólido y flexible.
Referencias